Manuel Hernández Ruiz

Autopoiesis

6 noviembre – 26 diciembre, 2025 · Sala de Exposiciones

I dwell in Possibility –
A fairer House than Prose –
More numerous of Windows –
Superior – for Doors –

Of Chambers as the Cedars –
Impregnable of eye –
And for an everlasting Roof The
Gambrels of the Sky –

Of Visitors – the fairest – For
Occupation – This –

The spreading wide my narrow Hands
To gather Paradise –

Yo habito en la Posibilidad –
Una casa más bella que la Prosa –
Más numerosa en Ventanas –
para Puertas – Superior –

Sus Cámaras, como los Cedros –
Impenetrables a la mirada –
Y por eterno Techo
Los Arcos del Cielo –

De Visitantes – los más bellos –
Y por Ocupación – ésta –
Abriendo ampliamente mis estrechas manos
Para acoger el Paraíso –

Emily Dickinson

El principio fundamental de la alquimia es la transformación: convertir algo en otra cosa sin renunciar a su esencia. Lo primero que acontece es la oscuridad: sobre el negro se puede imaginar lo nuevo, lo eterno; solo desde allí es posible vislumbrar la luz y los colores del futuro. El negro es la claridad de las ideas, el lugar donde nacen los conceptos. Luego llega el color, las formas, los pequeños gestos que hacen visible esa sombra original. Lo que sostiene el conjunto de obras es el discurso: detenerse en el tiempo, habitar la cueva y preguntarse por aquello que se asume como cierto y necesario. La técnica y el estilo son haces de luz que permiten ver, con los ojos cerrados, destellos de un pensamiento antiguo que se encarna en la materia.

La torre-andamio (Etemenanki), asociada al Arcano XVI, alude a una estructura que sostiene ideas destinadas a ser derribadas y reconfiguradas para dar origen a una manifestación que se autorregenera. En este caso la obra es uno mismo. No se trata de remover la tierra ni su fertilidad, sino la metanarrativa sobre la cual se erige el sentido.

En palabras de Manuel: “La torre, los nudos, las banderas, la mitología personal y las obras de distinta índole se unen y se mantienen en tensión”, y como escribió Nerval en Aurélia: “Me hallaba en una torre, tan honda en sus cimientos, hundidos en la tierra, y tan alta en su vértice, aguja del cielo, que ya toda mi existencia parecía obligada a consumirse en ascender o descender.”

Así también, su obra se levanta sobre ese sedimento: un territorio de signos, símbolos, canciones, mitologías, poemas, películas y tradiciones. Su trabajo no expone una acumulación de piezas, sino un tránsito entre la oscuridad y la luz, una y otra vez; una suerte de magia entre la disolución de la forma y el pensamiento hecho color. Ese tránsito —ventana alquímica— permite vislumbrar, ante todo, una forma de enfrentarse a la vida. El acto creador, al final, es un gesto de revelación y supervivencia, sobre todo en tiempos de incertidumbre y especulación.

— Jeffry Esquivel

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