Buscando Explicaciones
Si todo fuera con Bluetooth.
Una mañana Lucía despertó con la idea de medir la distancia de su boca desde una comisura a la otra. Cinco centímetros con ochenta y siete. Era una idea extraña que marcaría definitivamente nuestras vidas a partir de ese momento porque esa pequeña distancia, esa pequeña medida, era la manifestación de una obsesiónn sin límites.
Ella es de esas personas que tiene sensibilidad para convertir cualquier cosa en una imagen elocuente. Fácilmente puede acertar el futuro o concebir un paisaje inimaginable en una caja de uvas pasas e incluso en las mismas uvas. Se entretiene observando las arrugas de cada una de ellas, configurando y descifrando cosas que nadie nunca antes. Puede establecer parecidos y diferencias. Puede formular un relato fantástico. Las manchas negras de las vacas son un mensaje codificado que más vale mirar hacia atrás para no complicar las cosas. Por eso usa anteojos a pesar de no necesitarlos. Mirar por un caleidoscopio puede ser como poner a un chimpancéé empericado en un campo de bananas. Y así se pasa los días.
El otro día en el parque mientras Rita la perrita hacía caca, escena que le recordó de inmediato a un Nosferatu cagando que había visto en alguna pintura contemporánea, se fijó en el lugar exacto de caída, se miró los pies y pensó en las coordenadas a las que estamos sometidos geográficamente desde nuestra llegada al mundo. La línea que recorrió su mirada desde el mojón de Rita hasta sus pies fue un corte transversal que dividió el plano en dos. Pensó: un dispositivo se enlaza con otro en una línea recta imaginaria que marca una distancia, la misma que hay entre dos individuos; exacta y variable según las coordenadas y el desplazamiento continuo. Ese hilo invisible proyecta un dibujo. Entre varios individuos se teje una red y en el medio está la nube, el concepto, el flujo de información. Después de dilucidar ese pensamiento no pudo contener las ganas de comerse una salchipapa con Coca Cola. Mientras masticaba pensaba: todo tiene una respuesta si uno quiere.
El yagé, los hongos, la hipnosis, los alucinógenos, el psicoanálisis, la telepatía, la videncia, la cartomancia, las nubes vistas desde arriba, el cereal con leche, finalmente el espejo. ¿Quién es la más bonita entre todas las mujeres? Ahí está todo, lo que pasa es que no se deja ver, se resbala y se escurre como un fantasma. Y quién sabe qué más. Yo soy la más bonita. Las Epifanías son una cuestión de perspectiva, todo se configura en el coco.
Lucía va al mercado y para ella es como entrar en un oráculo, en un territorio sagrado. Es ineludible oírla preguntando. Ella busca y encuentra, resuelve encrucijadas y concibe verdades inexorables que comparte, aunque al final de todo cada uno piensa lo que quiere.