Manuel Hernández Ruiz

Conversaciones con el monstruo

7 octubre – 5 noviembre, 2022 · Sala de Exposiciones

Curaduría: Maria Adelaida Samper

Lo real se reconstruye de manera singular después de atravesar el caos.

En la conclusión de “¿Qué es la filosofía?” (Deleuze y Guattari), se plantea que tanto el arte como la ciencia y la filosofía son “objetos caóticos”, “tres hijas del caos” que sienten una profunda atracción por este, pero que al mismo tiempo lo combaten. En el caso del arte en particular, lo combate o lo atraviesa gracias a la posibilidad de manifestar ideas en un plano de composición en el cual emerge el objeto estético. Hablamos brevemente de esto acá, porque las maneras de hacer de Manuel, se acercan a esta intimidad de las artes con el caos. A través de un apetito ávido de imágenes y símbolos, Manuel recolecta y colecciona un caos cósmico para hacer emerger de ahí un espacio que cuenta la historia de la multiplicidad de las identidades, de un presente multicultural y heterogéneo que se construye a partir de una lógica interna del artista, pero que al pasar al plano de composición, se metamorfosea en un espacio que de alguna manera nos habla a todos, nos recuerda que hacemos parte de una gran conversación ritual, que existe por fuera de cualquier creencia determinada.

Conversaciones con el monstruo se construye con banderas entretejidas que crean el espacio de una suerte de templo íntimo, pero que al mismo tiempo es contenedor de una extraña universalidad. Y es que este conjunto de obras crea un espacio lleno de referencias culturales que fueron masticadas, machacadas, digeridas y regurgitaras por la sensibilidad y el universo interior de Manuel para resurgir como tótems blandos, translúcidos en apariencia pero cargados de una impenetrabilidad que nos obliga a activar los poderes de nuestra imaginación para encontrarnos a nosotros mismos y a nuestro propio universo simbólico al interior de esta polifonía pictórica.

La instalación, como la totalidad de la obra de Manuel se hace desde el oficio persistente, obsesivo e irrefrenable. A partir de un ejercicio anterior, volcado a la creación de banderas de naciones inexistentes, pero representativas de diferentes narrativas, surge este nuevo cuerpo de obra en el que Hernández empieza a crear una cosmogonía propia, pero que es también representativa de una cierta identidad globalizada. Una identidad que no por ser global es uniforme, y que habla desde la diferencia del latinoamericano y del migrante, desde la inquietud por lo que la cultura hegemónica silencia, lo que a veces aparece como monstruoso. La manera de proceder de Manuel, recuerda al Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade: "La lucha entre lo que se llamaría Increado y la Criatura – ilustrada por la contradicción permanente entre el hombre y su Tabú. El amor cotidiano y el modus vivendi capitalista. Antropofagia. Absorción del enemigo sacro. Para transformarlo en tótem. La humana aventura. La terrenal finalidad”. En efecto, esta exposición es un recordatorio sobre la importancia de lo abyecto, una reivindicación de lo marginal, de la cultura que se crea desde los lugares que, obligados al consumo de la cultura de masas, la transforman desde las entrañas de su invisibilidad.

Registro de la exposición: Ambiente familiar - Sebastián Cruz

Vistas de sala