Paulo Licona

"Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed"

30 mayo – 29 junio, 2024 · Sala de Exposiciones

Curaduría: Maria Adelaida Samper

“El ensueño del niño es un ensueño materialista. El niño es un materialista nato. Los primeros sueños son los sueños de las sustancias orgánicas.”
G. Bachelard

Aquí está un barco que antes fue ataúd. Este barco además navegó por el río Bogotá y replicó en su negrura la oscuridad de las aguas que lo rodearon. Se dice de este río que está muerto, un río que serpentea a través de 380 kilómetros y que los Muiscas llamaron “Funza”: el Gran varón, fuente de vida del pueblo anfibio de la meseta en la que hoy transcurren las vidas de millones de humanos que se han desprendido de él.

En el recorrido de la instalación van apareciendo imágenes, a veces poéticas, a veces conceptuales que emergen a partir de muy pocos elementos físicos, capaces de contener en ellos la evocación de las fuentes primarias de la imaginación, de las construcciones cosmogónicas tanto primitivas como modernas: los cuatro elementos, en el caso particular de esta muestra, el agua. La fuente de la vida, pero también el corredor hacia los mundos oníricos de la muerte. A través de la comunicación con la materia, llegamos a la representación de la forma, que se convierte en una nave para el pensamiento. En una sala monocromática nos enfrentamos con la imaginación material de la muerte y de la manera en la que hacia ella nos dirigimos, la manera en la que la creamos en la construcción comunal de la destrucción de lo común. En el agua elemental o imaginaria, que es el ideal del ensueño que crea o que imagina, vemos nuestro reflejo.

Al interior de la disociación radical que como civilización hemos creado entre la vida humana y la vida de todo el resto de lo viviente, existe una creciente distancia y represión en nuestra relación con la mortalidad; nuestra relación con la muerte es indirecta y cada vez menos frecuente. Desarrollamos tecnologías y regímenes de la vida que buscan esconder o atrasar el envejecimiento, la decadencia, y tal vez sea ese afán por alejar del cotidiano la realidad de la mortalidad, lo que nos permite ignorar la manera en la que nuestros modos de vida asesinan el entorno que nos soporta. Es el caso de la ciudad de Bogotá, sus habitantes y el río, un río prisionero por las represas y los desechos vertidos en él sin miramientos, le damos la espalada y mientras nuestro crecimiento lo devora.

En la muestra “Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed”, se producen diferentes transformaciones de símbolos y significados. La muerte es lo que puede describir la vida por contraposición: Las celebraciones de la muerte son las celebraciones de la vida. El agua es lo que fluye para crear la vida, pero cuando el agua se vuelve lenta y espesa, pierde velocidad, y se convierte en mediadora entre la vida y la muerte. También es el espejo en el que se mira narciso. Un ataúd es una caja de madera.

— Maria Adelaida Samper

Vistas de sala