Luisa Roa

Dominaciones y Empatías

12 de diciembre de 2018 – 21 de enero de 2019 · Sala de Exposiciones

Curaduría: María Adelaida Samper

La naturaleza no existe.

La exposición presenta una reunión de obras realizadas por artistas mujeres que cuestionen o pongan en evidencia los mecanismos mediante los cuales los humanos creamos la idea de naturaleza y los conceptos de territorio a través del lenguaje, la razón, las construcciones culturales, y, en estancias lúdicas de la existencia, nuestra imaginación. El cuestionamiento principal sería hasta dónde podemos hablar de la objetividad del paisaje, de la naturaleza, de lo salvaje o de lo domesticado por fuera de apreciaciones puramente humanas; tratar de mostrar la manera en la que los procesos antropocéntricos de la modernidad han moldeado los territorios y construido lo natural sin haber considerado la otredad de lo no humano. Desde el siglo XVII, cuando asumimos como intrínseca a la vida la división entre la razón humana y el mundo, hemos seguido el camino que se ha denominado como “modernidad”. Además de la inexorable separación que esta creo entre nosotros y el resto de la materia, trajo con ella la dominación como relación predominante entre lo humano y lo no humano: todo lo existe debe estar al servicio de la técnica desarrollada por y para la humanidad. En términos sociales esto ha permitido el desarrollo del estado nación y de la división de los territorios a favor de agendas políticas y económicas.

La naturaleza, o que se llama de esa manera, no es otra cosa que el estado de la ciencia contemporánea, como bien lo expone Michel Serres en “El contrato Natural” nuestro conocimiento del mundo natural es solo provisional o circunstancial. Esta constatación no busca concretarse en un juicio moral (decir que esto es bueno o es malo), simplemente busca poner en evidencia la arbitrariedad de la representación, haciéndola aparecer bien sea en toda su inocencia o en toda su manipulación (manipulación inocente, manipulación maniquea). Por otro lado, este aspecto circunstancial de nuestra experiencia del mundo, no debe ser interpretado como algo que nos aleje más de lo no humano, debería en cambio volver evidente el hecho de que la naturaleza existe gracias a un diálogo permanente entre nuestra experiencia sensorial, nuestra racionalización de la misma y la existencia de la materia. En la potencia de la empatía, humano y naturaleza se construyen permanentemente el uno al otro.

La muestra que presentamos se compone de una serie de fantasmagorías, simulacros y juegos sensibles, para crear un entramado que desdibuja las grandes narrativas de la modernidad. Se busca crear un espacio que hable de la importancia de la mirada subjetiva en la experiencia cotidiana del mundo, y de cómo esta contiene la posibilidad de reorganizar nuestras relaciones con el mundo natural.

Vistas de sala