El espacio dentro del espacio
En su más reciente proyecto, el Colectivo Mangle aborda la intervención del lugar como un campo de trabajo sobre el cual se ha desplazado el concepto de maleabilidad explorado en sus proyectos anteriores. Más que un juego de relaciones entre arquitectura y obra, el espacio de exposición se transforma en una obra por experimentar. Desde aquí se abordan nociones referidas al campo de la esculturalidad de dicho espacio como un territorio ampliado; lo escultórico adquiere un carácter de intersección, un sitio de encuentro en donde el lugar forma parte estructural y significativa, puesto que se integra como material de la obra misma. Un cable que tensa diagonalmente de un lado a otro las esquinas de la sala de exposición, establece una dimensión abstracta y a su vez concreta sobre las ideas que construimos alrededor de espacios que creemos familiares.
Colectivo Mangle
El Espacio dentro del Espacio.
Se suele hablar con frecuencia sobre las relaciones tiempo y espacio implícitas en la obra de arte. Mientras que una se refiere a una dimensión de transitoriedad, a la duración y a la historia de los elementos que devienen obra, la otra se encarga de situar la compresión de dicha temporalidad dentro de una idea de espacio. Esta idea es construida y condicionada al momento y al lugar en donde se sitúa la obra. Aquí entran en juego otras variables que definen la naturaleza de los elementos de las cosas, estas son: su materialidad y las relaciones de saberes que dicha materialidad establece con el lugar.
¿Qué tipo de conocimiento revela la materialidad del espacio? En su más reciente proyecto, el Colectivo Mangle aborda la intervención del lugar como un campo de trabajo sobre el cual se ha desplazado el concepto de maleabilidad explorado en sus proyectos anteriores. Más que un juego de relaciones entre arquitectura y obra, el espacio de exposición se transforma en una obra por experimentar. Desde aquí se abordan nociones referidas al campo de la esculturalidad de dicho espacio como un territorio ampliado; lo escultórico adquiere un carácter de intersección, se vuelve un sitio de encuentro en donde el lugar forma parte estructural y significativa, puesto que se integra como material de la obra misma. Un cable que tensa diagonalmente de un lado a otro las esquinas de la sala de exposición, establece una dimensión abstracta y a su vez concreta sobre las ideas que construimos alrededor de espacios que creemos familiares.
La transparencia del vidrio y el sometimiento de este al proceso de curvatura entran en diálogo con el caucho y con los materiales que funcionan como un soporte de este último. De algún modo estos elementos refieren a un lenguaje propio de la industrialización, del proceso tecnificado y de la disolución de las relaciones entre el proceso de trabajo de orden análogo y la máquina. Estas relaciones aparecen como posibles cuestionamientos al modelo mismo de trabajo de Mangle, en tanto que su práctica ha explorado insistentemente las relaciones entre la labor (trabajo y mano de obra) y el conocimiento que deriva de ella a través de la exploración del material.
En la aparente sencillez con la que Mangle nos invita a recorrer el espacio expositivo, aparece un juego sofisticado de reconocimiento del espacio mediante las conexiones que se hacen explícitas entre la materialidad y aquello que el lugar narra desde esta materialidad. La obra acoge al público, no se presenta como un dispositivo solo para observar, sino como un recorrido a través de las relaciones entre el espacio y el proceso, ambas entendidas como elementos constitutivos de la materialidad de la obra.
Lester Rodríguez.
Junio de 2019.