El vendedor de papas
NON TUTTO L’ARTE FATTO DI PATATE É ARTE POVERA
El brutalismo en Latinoamérica no es una decisión intelectual, ni tampoco lo es en un Lamborghini.
Ni tampoco la tortilla española.
Tal vez un Chuño sí.
Nunca fue una decisión...
La Caverna de Platón, las pirámides..., las pirámides de acá, las estrellas, todo eso... Las estéticas cliché de la precariedad no son sofisticación y si...
El vendedor de papas apareció naturalmente, la primera vez fueron mostradas en una exposición sobre “el bodegón”, en la Galería de La Oficina en Medellín, ahí hice mi primer comentario sobre las relaciones entre América, Europa, y el bodegón.
Era un buen pretexto en ese año, el año de los 500. También era el año en ese momento de la llegada de las corrientes neoliberales a Colombia (con Gaviria). “La apertura económica” fue lo mismo que en 1492.
Apertura.
Era una docena de papas de bronce dispuestas de la misma manera como se ponen las papas en los mercados callejeros, en pilas... muy bonitas... ¡fueron un éxito!
En esa exposición hice el primer ejercicio de ser un vendedor de papas (era la época de los vinos en las galerías) y con unos vinos me vi en algún momento pregonando lleve, lleve. Entre el Brutalismo y el Arte Povera, hoy es para mí inevitable especular sobre cómo estas formas en Latinoamérica, sobretodo trabajando con papas, son una postura natural como lo es un Lamborghini en Italia y una tortilla española... en España.
Acá es la papa “el material” (digo yo) que se equipara al ladrillo a la vista, al bloque, a la tapia, esos y otros, nuestros materiales que como dice la definición de la RAE del Brutalismo, “se enfatiza la naturaleza expresiva de los materiales” y como coincidencia anacrónica se reflejan las formas políticas y sociales. Que generaron esos movimientos.