Lo humano de la montaña. Extractivismo y coexistencia.
Harrison Tobón trabaja a partir de la observación sensible del territorio que habita. A través de su práctica artística, ha analizado la manera en la que se construye el paisaje urbano en el que se desarrolla su cotidianidad. Es así como desarrolla ejercicios formales de síntesis, que son al mismo tiempo exploraciones de las posibilidades de la representación del paisaje, como comentarios sobre la manera en la que los humanos transforman el territorio y la materia. La exploración pictórica y escultórica de la construcción de las formas a partir del juego con lo lleno y lo vacío, resulta en composiciones armoniosas, que conservan la calidez de lo lúdico. A través de estos juegos compositivos que nos presenta en su exposición, el artista se enfrenta de manera honesta a la incomodidad que parece existir en la práctica de la pintura y la representación del paisaje al enfrentarse al paisaje urbano. En “Lo Humano de la montaña – Extractivismo y coexistencia”, nos encontramos con una propuesta formal que explora la cuestión de la posibilidad de lo sublime en una forma posmoderna de representación paisajística.
Por otro lado, esta instalación compuesta por un ensamblaje y cuatro lienzos que componen dos imágenes, y que parecen funcionar como un espejo, es una posible enunciación tácita sobre la circularidad de la materia, y la manera en la que nos relacionamos con la geología y la geografía que habitamos y a las que les damos forma. Aparece entonces, en la propuesta de Harrison, un acercamiento novedoso para entablar un diálogo con el concepto del Antropoceno, entendiéndolo también desde el instinto del animal humano del habitar y transformar su hábitat, a través de algo que podríamos describir como una digestión de la geología por medio del desarrollo de las técnicas de extracción y construcción.
La sabana de Bogotá y sus cerros mantienen desde siempre una relación matérica, una hermandad profunda, en la que el suelo de la primera se forma con los sedimentos de la segunda. Las personas que vivimos en este territorio, usamos los cerros como referencia geográfica y la vista de esa cadena de montañas nos acompaña de manera incansable, tanto como punto de orientación cardinal, como espacio de magia y ritual. Además los espacios que habitamos y las calles por las que transitamos han sido construidos en gran parte con lo que hemos extraído de la montaña. Los cerros son testigos y sujetos del proceso histórico de la colonización, y observarlos bajo este lente, nos puede permitir dilucidar aspectos sobre nuestra identidad mestiza y sobre nuestra complicada relación con la modernidad. Esta muestra abre preguntas tanto sobre cuestiones formales y representativas, como sobre la dialéctica constructiva y destructiva del progreso occidental en los territorios que atravesaron procesos coloniales en América Latina, y la manera en la que se vio modificada la relación de sus habitantes con los territorios. Estos problemas afectan profundamente nuestra cotidianidad, pero son preguntas que estamos en el deber de excavar, de la misma manera que hemos excavado los cerros para edificar nuestra ciudad.
— Maria Adelaida Samper