Vientre Tierra

18 mayo – 18 junio, 2023 · Sala de Exposiciones

Curaduría: Maria Adelaida Samper

“A LA MADRE LE PEDIMOS PERMISO”

Una semilla-crisálida-huevo contiene algo, se prepara para algo, protege algo, encuba mientras es encubada, se mantiene en silencio suspenso enterrada en la tierra. Está rodeada y protegida por esferas y símbolos, y sobre todo por tierra, mucha tierra. El pensamiento ecofeminista está íntimamente ligado con el pensamiento creativo de Gabriela Estrada Loochkartt; esta corriente del feminismo evidencia las relaciones de poder y dominación que históricamente han estructurado la explotación de los recursos naturales y del cuerpo de las mujeres por parte del sistema capitalista patriarcal, es así que propone que la lucha por el mejoramiento de las condiciones ecológicas del planeta debe ir entrelazada con la lucha feminista que tiende hacia el desmantelamiento de las relaciones de subyugación y subalternización de las mujeres. Se trata de un pensamiento político que antepone el cuidado al dominio, no es, necesariamente, una suerte de paralelismo entre lo femenino y lo natural como conceptos inmanentes, sino que los aborda desde el desarrollo social e histórico de la civilización capitalista y colonial occidental.

Sería sencillo entrar a esta exposición y caer en una suerte de ensueño que nos invita a regresar a un estado primitivo, sentir que estamos en una cueva, que estamos en un espacio que existe por fuera del tiempo, o hace mucho tiempo, pero el gesto de la artista de crear para ella y para nosotros este “vientre tierra”, no es un gesto tierno o naif… es un llamado de atención. Pero mientras que a nosotros nos sacude, recordándonos que hay algo muy dentro de nosotros que tenemos olvidado, o que por voluntad o costumbre decidimos ignorar; también ejerce una acción determinada de cuidado hacia algo no humano, hacia la semilla, hacia el linaje femenino que engendra la vida. La abuela, la madre, la semilla, la tierra, la montaña.

En la instalación se mezclan diferentes tecnologías de construcción, humanas y no humanas, Gabriela se inspira de (y le da el mismo rango de validez a) la manera en el que construimos refugios los humanos, los pájaros, las hormigas, las lombrices, los escarabajos de estiércol, y tantos otros que desde quien sabe cuándo usamos la tierra para crearlos. La casa como estructura, como idea, como vehículo del pensamiento y del hacer, ha acompañado a la artista desde hace algunos años, en esta exposición la casa también está presente, mucho más deconstruída y mutante que en ocasiones anteriores, pero está ahí, como si fuera el ininterrumpido aliento de la humana que busca intuitivamente ser menos humana. Al fondo, un muro de ladrillos de adobe permite entrever el esfuerzo que intenta llevar una montaña hacia otra montaña, una voluntad de pies descalzos que busca acercar las fuerzas femeninas de dos ancestras. La dificultad en la que se halla el cuerpo del espectador para ver ese video, no se acerca a la dificultad de la acción registrada en el video. La suspensión de la escultura que está en el centro de la sala, no da cuenta del peso de la estructura colgada. La exposición reitera, una y otra vez, que la dificultad ante la que nos encontramos como humanidad actualmente, se puede enfrentar con gestos humildes, sinceros y concretos.

Vistas de sala