Zambo
En tres de las obras de esta exposición, aparecen interpretaciones y remixeos de la Wiphala que, más que una bandera, es un símbolo de los pueblos indígenas andinos desde Argentina hasta Colombia. Este emblema que representa dos principios fundamentales de estos pueblos: la Pachamama (que no se refiere sólo a la madre tierra, sino más ampliamente, al cosmos) y el Pachakama (principio de orden y armonía universal); se ha convertido hoy en día en la representación de la hermandad y de la resistencia ante la dominación de los pueblos originarios de la región. La Wiphala es apropiada por Samboní, para mezclar estos símbolos con objetos aspiracionales de la cultura de masas, abriendo una puerta hacia la necesaria complejización de las identidades mestizas de la juventud latinoamericana.
Atravesada por la herencia colonial, la globalización económica y cultural, la necesidad de repensar y reincorporar las diferentes herencias culturales que construyen al pueblo latinoamericano, la imposibilidad de negar la occidentalización, las tensiones entre la copia y el original; hoy en día se podría hablar de una suerte de esquizofrenia de nuestra identidad cultural. Es así que, como lo enuncia Johan en letras doradas que dominan desde arriba la exposición, “Este arte abraza con desconfianza la contradicción”, porque es desde la producción artística de símbolos que Samboní busca la manera de dilucidar su lugar en el mundo, y la manera en la que puede indagar en la representación de las complejidades cotidianas de su generación. Yendo desde su individualidad específica, mirándose hacia adentro y en la superficie, explorando y exponiendo su piel y sus rasgos, realiza una serie de autorretratos que nos muestran algunas de las máscaras que usa o se le imponen desde su multirracialidad y las construcciones o mitos sociales del mestizaje. Por otro lado, una serie de esculturas hechas con ladrillo y cemento: materiales populares, los más frecuentemente utilizados en la autoconstrucción, se convierten en objetos que son como visiones parciales de historias y que cuestionan lenguajes artísticos y etiquetas preconcebidas.
En el recorrido de la exposición, Johan Samboní convierte su propia imagen en la de la multitud, nos enfrenta a los procesos casi tragicómicos que lo van convirtiendo en individuo y en artista, informado por su historia personal, la de sus pares y las problemáticas de una sociedad estratificada e históricamente racista. En las palabras del artista: “La palabra ‘zambo’ viene del latin strambus: bizco, torcido, irregular. También se llama zambo al rodillijunto y pierniseparado, quizás por eso, inconscientemente, pinto a veces figuras torcidas, dobladas en ángulos raros e improbables”. Esta muestra es finalmente un ensayo sincero y polifónico sobre la enunciación de la identidad de la juventud como acto de resistencia y autoconocimiento; y una pregunta por el papel que el arte (contemporáneo y globalizado) puede jugar en esa lucha por la prevalencia y validación del lugar de enunciación desde el cual el artista asume una valiente posición.
— Maria Adelaida Samper