Este trabajo está pensado y elaborado a partir de sensaciones que he experimentado en espacios inacabados o en transición, así como en relación con materiales de construcción abandonados. Por un lado, exploro la idea de hogar construido bajo estas condiciones materiales, y por otro, la intemperie y el paisaje que se genera a partir de ellas.
En cuanto al acto de tallar ladrillo, es inevitable pensar en el tipo de paisaje urbano que se forma alrededor de esta práctica, a menudo vinculada al consumo de bazuco, y en las huellas que deja en las paredes. Mi relación con esta acción está mediada por el relato de mi madre, quien me contó que durante su embarazo tuvo antojo de comer ladrillo. Hay algo en este material, ligado a lo digestivo, que me inquieta profundamente y me resulta difícil de comprender a nivel narrativo. Por ello, me concentro más en la manualidad del raspado, y a partir de ahí surge una escritura y figuración que me ayuda a habitar esa indeterminación.