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Geología Liminal

2025

En esta nueva serie de obras Luciano Denver explora un nuevo medio: la pintura, para adentrarse en una exploración metafísica del paisaje. En su trabajo anterior, Denver utilizaba la técnica del collage digital para encontrar alguna forma de esencia de los lugares que visitaba; después de cuatro años de exploraciones y transiciones, el artista utiliza sus conocimientos en la creación de imágenes digitales para adentrarse en la creación de paisajes, explorando esta forma de representación para usarla como vehículo en un viaje al interior de la creación del sujeto: frente a estas pinturas, no estamos contemplando un lugar, sino más bien un estado de conciencia. Estas pinturas no buscan representar retratos del mundo, más bien son una indagación en la arquitectura secreta que lo construye. Son paisajes oníricos, geografías de un tiempo suspendido en donde la roca, el agua y el aire parecen emerger de una ensoñación de los átomos, ofreciéndonos vislumbrar un instante anterior a la formación del paisaje mismo, cuando este era solo una idea en la mente inasible de la materia. Estos paisajes, nos transportan a un lugar contemplativo que se encuentra por fuera del tiempo. En las composiciones creadas por capas, tanto en la imagen como en la manera de utilizar las técnicas de la composición digital y la pintura, se anulan los problemas de la perspectiva y el horizonte, para crear imágenes que nos refieren a las edades geológicas del planeta. Podríamos hablar de que Denver, gracias a su entrenamiento en la creación de imágenes digitales, posee la plasticidad mental necesaria para “renderizar” un territorio mental pre-geográfico. En este pliegue entre lo real y lo imaginado surge una inquietante liminalidad que nos pone frente a un mundo que tiene todas las leyes de la física: la gravedad, la textura de la roca, la condensación... pero ninguna certeza. Son espacios que parecen existir antes del pacto que hicimos con la realidad, nos sentimos como en un sueño, un lugar mental que es al mismo tiempo creador y amnésico; como si la materia, en su esfuerzo por pensar el mundo, hubiera olvidado momentáneamente el diseño final. En las pinturas, hay una palpable ausencia, una soledad ilimitada. No hay huellas, ni ruinas, ni testigos. Es la soledad expectante de un planeta antes de la vida o después de ella, un escenario perfectamente armado para un evento que no llega o que ya se olvidó. Son geologías que piensan sobre problemas físicos del paisaje, pero que también son profundamente emocionales; una especie de recordatorio de la manera en la que la construcción de la realidad que los humanos hemos construido a través de la manipulación de la materia, está también entrelazada ineluctablemente con la evolución de la tierra. El paisaje es un espejo, y en el ejercicio pictórico, Luciano Denver también se encuentra con el paisaje como su eterno compañero, mostrándolo al mismo tiempo como el cómplice constante de la imaginación y la conciencia humanas. María Adelaida Samper