Carmelo es el resultado de un proceso compartido entre los artistas Tahuanty Jacanamijoy (Bogotá, 1992) y Sergio Román (Bogotá, 1989). Lo que comenzó en la universidad como un juego, una excusa para pintar juntos, se transformó con el tiempo en una práctica sostenida durante más de una década.
En 2025, ese ejercicio lúdico tomó un giro decisivo con la creación de un personaje ficticio: Carmelo, supuesto autor de las obras. Desde entonces, todo lo que se sabe de él proviene únicamente de su producción visual. Sus dibujos, acuarelas, tintas, pinturas y cerámicas —obsesivas, minuciosas, ajenas a lo académico— despliegan un imaginario que remite a paisajes tropicales, jardines y espiritualidades inciertas.
Carmelo no ofrece certezas sobre su identidad. Su rostro se intuye en las figuras que traza, en símbolos que evocan tanto la naturaleza como lo desconocido. Algunas piezas sugieren filiaciones con tradiciones medievales o mitologías globales; otras parecen indagar en la idea del origen, en lo huérfano, en lo fragmentario.
Pero Carmelo es más que una ficción personal: es también un dispositivo crítico. Al encarnar la figura del artista outsider, cuestiona las dinámicas que han exotizado el arte desde el sur global bajo las exigencias del metarrelato identitario del norte. Su existencia tensiona la noción de autoría y propone el archivo, el documento, la curaduría y el coleccionismo como espacios posibles para la imaginación y el pensamiento decolonial.
Carmelo es, al mismo tiempo, memoria y juego, gesto compartido y ficción histórica. Su obra no busca ofrecer respuestas, sino abrir territorios para imaginar otras maneras de narrar y habitar el arte.