Brasa
Carmelo es un personaje con una historia fascinante, su vida parece una ficción... y sin embargo, no lo es. “Brasa”, su primera exposición y aparición pública en el contexto del mundo del arte, es un merecido reconocimiento a su imaginación y también una oportunidad para el público de conocer una parte de su fascinante historia personal. Carmelo es una persona bastante enigmática, pero en esta ocasión tuvo la generosidad de darnos acceso a su diario (algunos extractos del mismo se encuentran en la exposición); a partir de la lectura de estas páginas íntimas, podemos esbozar o suponer algo de su biografía. Al parecer siendo muy pequeño, habría sobrevivido a un evento catastrófico en el que murieron sus padres, algunos recuerdos habitan recalcitrantes en sus sueños, como la piel de una loba que le da abrigo, el olor a leche, el calor de la tierra... El diálogo entre su vida real y la vida de su subconsciente, constituye la contienda constante de Carmelo por reconstruir el rompecabezas de su memoria; por enunciar su lugar en el mundo.
En “Brasa”, Carmelo propone un espacio en el que podemos encontrar algunas pistas sobre esta construcción de identidad. Una atmósfera cálida, que nos transporta a otros climas y otros tiempos; que evoca de alguna manera un espacio de enseñanza, que encierra una suerte de espíritu infantil; es el escenario que contiene una serie de obras en las que Carmelo se inventa el mundo. En sus pinturas y dibujos el artista negocia las tensiones entre la vida y la muerte, entre la memoria y el olvido. Repite las mismas imágenes con variaciones, como si se tratara no de un único autor, sino de varios que negocian con la representación y sus reglas; cada uno buscando los mejores términos, el trazo más justo, el color más diciente. Las cerámicas funcionan como una suerte de teatro de las especulaciones sobre sus propios recuerdos: en estas piezas aparecen los arquetipos de sus sueños, trayendo además la presencia del fuego, de manera implícita en el proceso de la quema del barro y explícita con la presencia de la braza. En esta exposición nos encontramos con la fascinante polivalencia de las voces que habitan en Carmelo, este extraordinario ser que negocia con el mundo desde su propia orfandad.
Las tres pinturas de gran formato son un ensayo sobre tres etapas del mundo, el génesis, la transición y el fin; el dibujo de los meteoritos representa la destrucción del mundo; los unicornios son una suerte de guiño al problema del cautiverio de la imaginación, la cercas que atrapan la exuberancia de lo posible.... En palabras de Carmelo: “A veces se me olvida que las imágenes que hago traen noticias de futuro”; pero no sólo son eso, son también espacios poéticos y generosos, llenos de una ternura dolorosa, en la que parecen entremezclarse la construcción de la persona con la construcción de la obra. A pesar de ser un conjunto de obras bastante naïf y que no parecieran contener mayor misterio, esta exposición es una entrega completa a la ficción, un compromiso con la construcción de narraciones. Nos queda la pregunta sobre la diferencia entre la ficción y la representación, la imaginación y la construcción de las narrativas que forman nuestras identidades.
Agradecimientos a Tahuanty Jacanamijoy y Sergio Román por la gestión y acompañamiento a la presente exposición en la Sala de proyectos de SGR Galería.
— Maria Adelaida Samper