javier morales casas

El Organillero, la Caja de Música y el Mono

6 septiembre – 20 octubre, 2024 · Sala de Proyectos

Curaduría: Maria Adelaida Samper

“El organillero, la caja de música y el mono” nos invita a la observación de un lugar poético, que contiene en él la promesa de la creación y al mismo tiempo la explotación del artista por el régimen del espectáculo. Javier Morales Casas produce un espacio que se puede ver como una manifestación espacial de sus procesos mentales. Durante la duración de la exposición, el artista habitará el espacio de manera permanente, en un acto performático de largo aliento, que busca exponer de manera explícita el proceso creativo y su devenir, mientras nos cuestiona sobre diferentes aspectos del arte contemporáneo como la participación, la idea de borrar las fronteras entre el arte y la vida, la injerencia del capitalismo y en particular el neoliberalismo en sus modos de producción.

La exposición es entonces un espacio vivo en transformación constante, en la que las esferas de lo público y lo privado se mezclan, asumiendo de manera clara el performance como una práctica indivisible de la intimidad del artista que lo realiza. Por otro lado, el demandante ejercicio al que Javier se somete durante el tiempo de la exposición, formula la pregunta sobre lo que se espera del artista en nuestra sociedad: se pretende que este sea una suerte de carne disponible para la observación y el juicio, tanto él como su obra se transforman en bienes de consumo al ser procesados por los ojos y los deseos del espectador. Esta forma de hipérbole que opera Javier a través de su performance, en el que se convierte a él mismo en una suerte de animal de zoológico, también nos confronta a la manera en la que el régimen neo-liberal espera de todos los sujetos que estos devengan en mercancías: sé único, innova, sé tu propia marca, sé un emprendedor, compite, muéstrate, compite. Muchos somos creaturas vulnerables habitando un mundo incómodo, enfrentándonos constantemente a las contradicciones del espectáculo y la compasión.

La referencia estética espacial al jardín japonés, nos refiere a la ritualidad de la actividad humana de la creación artística, un lugar en el que se manifiesta una espiritualidad contemplativa particular; la instalación tiene en ella un número de elementos que posibilitan la ocurrencia de ejercicios concienzudos de observación, de detenimiento, de cuidado de seres no humanos, de cuidado del propio cuerpo del artista. Frente a este ejercicio plástico multidimensional, no nos queda claro si Javier se representa a sí mismo como el organillero (el creador), el mono (la creatura explotada) o la caja de música (el instrumento que permite la transmisión de lo creado). El espacio, el artista y las obras se amalgaman en una identidad única en la que se manifiesta sobre todo un desvelamiento del alma, un lugar de vulnerabilidad y una exteriorización de un espacio íntimo, inocente y cruel.

— Maria Adelaida Samper

Vistas de sala