Juan Uribe

Grafiti Interior

24 septiembre – 31 octubre, 2026 · Sala de Exposiciones

ENTRE CHISTE Y CHANZA LA VERDAD SE ESCONDE,
ENTRE BROMA Y BROMA LA VERDAD SE ASOMA

En la serie Grafiti Interior Juan Uribe hace grafiti que no es grafiti, no son pro bono, son interiores y no son rebeldes. Uribe se autoinvita y será el último en salir de las casas, apartamentos, talleres de artistas y restaurantes en los que, con permiso de su dueño, elige una obra de arte, la descuelga y, sobre la pared vacía, escribe o dibuja en aerosol alguna cosa que se le ocurre en el momento, en conversación con el propietario y su autor. Cuando la obra de arte vuelve a su lugar, la intervención de Juan queda escondida. Sin embargo, antes de irse se asegura de hacer una foto profesional de su acción. Este gesto, aparentemente sencillo, rápido y divertido, como toda la obra de Juan Uribe, al repetirse, acumularse, registrarse y divulgarse, se convierte en algo poderoso y contenedor de muchas capas de información. En este caso, la serie nos ubica geográficamente en Bogotá, Colombia, la ciudad donde nació, vive, trabaja y de la que nunca se va a ir este artista, que con Grafiti Interior nos cuela y permite chismear lugares privados y de puerta cerrada. Sus fotos nos revelan un paisaje de la vida doméstica del coleccionista bogotano.

Hay casi siempre un Beatriz González, una silla Eames sobre un piso de madera y una chimenea. Mucho Caro, mucho Cuestas, mucho Juan Pablo Echeverri. Hay algunas vistas a edificios de ladrillo, cerros orientales y un solo cielo de Juan Sebastián Peláez; una mano de helechos, lengua de suegra y mata de Miami; mucho sound system, neones y luces de colores; mucho coffee table book, muchos Suicidas del Sisga y mucha ternura; par pinturas de Oscar Murillo, par obras de Sofía Reyes, par hojas de tabaco de Reyes Santiago, par baños de Karen Lamassonne, par esculturas de Daniel Jiménez y par serigrafías de Christian Abusaid; varias chivas, varias papas del Papas, varios Liconas; dos talleres de artistas y dos racimos de bananos con stickers. Casi siempre hay un Juan Uribe, que ahora se repite y habla consigo mismo.

No solo somos nosotros los colados en esta serie: Juan Uribe logra con su intervención posicionarse y posicionarnos a la misma altura de un Fernando Botero y un Santiago Cárdenas; los desaloja, ocupa su lugar y luego se esconde detrás de estos grandes maestros colombianos. Además, ahora es vecino de una calabaza de Yayoi Kusama, de los paisajistas de la sabana, de una escultura gigante de Edgar Negret y de la pequeña Bachué de Rómulo Rozo. Se inserta junto a Inserciones en circuitos ideológicos, de Cildo Meireles, para la foto y, al mejor estilo de un ladrón de plusvalía, se roba un NO gigante de Santiago Sierra para completar una de sus apropiaciones: «No haré arte aburrido». Una traducción de la obra de Baldessari I will not do any more boring art, el mismo autor de la obra que retira temporalmente.

Grafiti Interior de Juan Uribe es un performance, es una intervención en el espacio privado, es un mural, es una instalación in situ, es arte relacional, es una colaboración, es el registro de una acción, es una foto enmarcada, es un texto, es un comentario, es un gesto poético, es un post, es un meme, es un libro, es un archivo histórico, es un mapeo de colecciones, es un recuento del estado del arte, del diseño de interiores y de la arquitectura bogotana, es un chiste interno y una declaración:
SI HAY COLECCIONES DE ARTE EN BOGOTÁ
NO EN TODAS LAS CASAS HAY UN CABALLERO

– Adriana Martínez Baron y Juliana Echavarría, 2026, Bogotá, Colombia

Apéndice:
«Una “casa” es un acto de autodomesticación, realizado para hacernos caber en el mundo en el que vivimos y viceversa, es, la domesticación del mundo para transformar la casa en un traje, un disfraz tan bien cortado que se funde con nuestra anatomía y con nuestra imagen [...] Los antiguos filósofos estoicos nos habían sugerido llamarla Oikeiôsis, una palabra magnífica, que significa “apropiación” (en el doble sentido de apropiarse de uno mismo y de hacerse a uno mismo parte de algo más), “habitu- ación” (en el doble sentido de asimilar algo a uno mismo o asimilarse a uno mismo en algo más), o “domesticación”.»
Emanuele Coccia, «Mudanzas», Filosofía de la casa: El espacio doméstico y la felicidad, 2024, p. 23.

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